Cantar del tiempo en la tierra (elegía) (poemas del xi al xxx) - Poemas de MARÍA CRISTINA ORANTES

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Cantar del tiempo en la tierra (elegía) (poemas del xi al xxx)
               

                                        XI

En medio de la fosa y en el fondo del río,
la mano que pintaba los paisajes
y escribía la historia
va estrechando otras manos,
manos desconocidas, frías, abandonadas,
las flores que cayeron del árbol de la vida
en la carnicería llamada Siglo Veinte.       

                                        XII

Y la pradera se  volvió camposanto,
de velar tras las horas se hizo insomnio,
de tanta lágrima se convirtió en lluvia,
de tanta espera se volvió silencio
y bebió de la sangre que nutre a los gusanos...
Espacio florecido por las almas
sin cruces ni estandartes,       
sin lápidas ni epitafios,       
mil tumbas de soldados desconocidos,
fosas comunes, repletas de anónimas historias,
para que no haya nada que envidiar.

                                        XIII

La semilla guardada invierno tras invierno              
se fue fortaleciendo,        
germinaron espigas y mazorcas,
hubo nueva cosecha y nueva gente...
y brotaron también nuevas espinas.
El nuevo amanecer tenía su propia noche...

                                        XIV

Se oyen otra gargantas, otra hierba ha brotado.
Y nacieron poetas labradores de  páginas
para salir al mundo a cultivar la vida;
pero también nacía carne nueva
para calzar las botas que seguirán  marchando...
que llenarán el hueco que dejará el caído.
Y seguirá sonando aquella marcha,
se teñirán de rojo las avenidas secas,
se seguirá dando vueltas a la noria.       

                                               XV

Hubo más sembradores que granos en el surco,
hubo más pescadores en la orilla,              
pero no había trigo para llenar los sacos
ni quedaban ya peces para colmar las redes.
Las ciudades se fueron empinando
y los cerros se fueron escondiendo,
se perdieron la colina y la niebla       
y crecieron las fábricas de ataúdes.

                                        XVI

Llegó la edad de piedra.
Piedra a cambio de campos y maizales,
el trueque de la modernidad.
Piedra y más piedra, murallas de lamentos,
pero no queda agua en la vertiente.
Se han secado las aguas, pero llueve
llueve cal y ceniza 
Y hay fuego y nubarrones en el cielo.       

                                        XVII

Envuelta en color púrpura atravesó el umbral.
La turba agitada corría y vitoreaba
escupiendo al hermano, castrando la palabra del amigo;
la multitud con los brazos en alto
esperaba brindar con la hipodérmica.
A su paso se oían las proclamas
de aquella muchedumbre que aplaudía y gritaba
golpeándose, mordiéndose
todo bajo el compás de los disparos
modernos y electrónicos.
Pero sonaban igual que hace cien años.
           BOM!            BOM!            BOM!
Tatatatatata...tatata....tata...

                                        XVIII

Y mientras el furor               
se adueñaba de calles y veredas
yo seguía palpando tus montañas
lavadas por el llanto
y recorriendo tu gastada enredadera,
hundiéndome en el hueco de tu axila,              
saboreando el humor de tus recodos,
arraigado en la sombra de tu talle.

                                        XIX

Volviste a florecer en la espesura,
fertilizada por cenizas y huesos,
irrigada con sangre acumulada   
que anónimos hermanos
vertieron en tu herida.
Esos mismos hermanos en la hora última
comparten el silencio, la fosa y el gusano.       

                                                 XX

Tú, la callada, la modesta, la dócil,              
has sido una de aquellas, de las de antes
(anteriores a la liberación femenina
que iguala seso y sexo).
Tú lo entregaste todo,
tus cavernas, tus llantos, tus silencios
y aún te queda espacio donde labrar más vida.
Sigues dándolo todo y quedándote vacía.
Eternamente ansiosa,
la siempre impar, la siempre sola.

                                        XXI

¿ Es que habrá de llegar una nueva era?
¿se abrirán nuevos surcos?
Pero...¿ dónde los surcos?
¿acaso entre las piedras?
¿Sobre las piedras,  debajo de las piedras?
Al remover las piedras
ha de quedar espacio para la flor,
para el pan, para el vino
de que se habló hace tanto...
La multitud de ahora no se sacia
¿ quién habrá de venir con el pan y el vino              
y una palabra nueva para poder creer?
Porque ya nadie cree ni en la luz ni, en la vida,
ni en el hombre, ni en nada...

                                        XXII

Queda sólo para ofrecer el hombro
al que quiera llorar mientras la vida pasa
y sucede algo nuevo.
Y si ese algo sucede habré de verlo
y tu a mi lado, siempre
amiga silenciosa conforme con tu ración
de luz y de alegría. 

                                        XXIII

Te cerraré los ojos en una madrugada.
No ha de ser bajo el sol
porque duele la luz entumecida
y habré de protegerte de la lumbre        
que brotó de tu entraña.
No habré liberarte bajo la luz 
que lacera un recuerdo solitario.

                                        XXIV

Tampoco has de marcharte por la noche.
La noche tendrá miedo de que cierres los ojos       
y puedas vislumbrar en el camino
a los pobladores de silencios.
Se sacudirá todo debajo de tus pasos
al rasgarse los velos que han cubierto la carne,
se oirá un crujir de huesos en el aire,
caerá la cascada sobre tu íntima grieta,
perfumando tu cuerpo hasta calarte entera.
Tampoco habrás de marcharte por la noche...


                                        XXV

Será de madrugada,
cuando el sueño es profundo
cuando salen a encontrarse las almas
y renacen las leyendas.               
Te quedarás dormida en sueño eterno,
las entrañas vacías y los pechos exangües
después de darlo todo.              

                                        XXVI

En la pupila fija se guardarán tus ojos,
se concluirá tu etapa.
¿Qué quedará en mis manos ?
¿Qué será de mis huellas,
de mi espacio y mi nombre?

                                        XXVII

Apagaré mis ojos,
he de volverme núcleo, crearé un nuevo mundo
y habré de reencontrarte.              


Entonces seré yo quien te engendre de nuevo,
quien te nutra de la nada.
De mí mismo te formaré otra vez;
con mi espacio, mi luz y  mi aliento te volveré a la vida.
Se le abrirá el paso a un nuevo continente:
a la isla de los milagros
que se alzará vestida de silencio...
brotando de la nada!
Allí empezará todo nuevamente:
Comenzará el reposo, tu reposo,
el nuevo tiempo,
la nada palmo a palmo será tuya
para moldearla entera entre tus manos:       
fría fragilidad de viento y luna...
De rodillas, al filo de la vida
la eternidad discreta y triunfadora
ha de abrirte los brazos y la puerta...              

                                        XXVIII

Transparente será tu piel de cisne,
transparentes tus huesos y tu carne,
transparente tu imagen al entrar en la esfera
transparente y vacía, pero de nuevo fresca
radiante y virginal.
¡De nuevo mía!              

                                        XXIX

Traspondrás el umbral desconocido,       
llegarás hasta el arca que guarda las palabras
tendidas, apagadas,
sin  voces ni esperanzas.
La cerradura mágica se abrirá en tu presencia,
El cristal se hará añicos,
la piel se abrirá en surcos
y una vez más te fundirás conmigo...

                                        XXX       

Volveré a deslizarme por tu cuerpo...
Cielo y agua enlazados en un beso,
mientras el eterno principio
seguirá inmutable:
Todo igual.
Ninguna diferencia.
Entre la muerte y la vida  cual es la diferencia?
No existe diferencia entre el ayer y el hoy 
Volveremos a gestar un nuevo ciclo.
                                          Empezarás de nuevo y yo contigo.


       

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