Poemas de RAMÓN LÓPEZ VELARDE

Poemas » ramon lopez velarde

RAMÓN LÓPEZ VELARDE

Ramón López Velarde (1881-1921)
Pocos paralelos a Ramón López Velarde pueden encontrarse en la historia de
nuestra literatura, no sólo por su genio y la calidad de su lenguaje, sino
porque a él se debe, en mucho, el cierre del modernismo y la fundación de
nuestra poesía contemporánea. Fue un hombre de su tiempo, que recibió numerosas
influencias literarias asumidas y no.
Nacido en Jerez de la Frontera, Zacatecas, en el mismo año en que Rubén Darío
publicó su revista Azul, López Velarde empezó a escribir cuando ingresó en el
Seminario Conciliar de Zacatecas en el año de 1900. Después fue a estudiar al
Seminario de Santa María de Guadalupe en Aguascalientes y posteriormente al
Instituto de Ciencias de la misma ciudad.
En 1908 ingresó al Instituto de Científico y Literario de San Luis Potosí y
colaboró en periódicos y revistas de provincia. Aunque conoció a Francisco I.
Madero en 1910 y le simpatizó el movimiento revolucionario, no fue seguidor de
esta causa.
En 1911 recibió el título de abogado y ejerció su profesión como juez en El
Venado, San Luis Potosí, en 1912 va a la Ciudad de México y al año siguiente
vuelve a San Luis Potosí. Inconforme con su suerte o, tal vez impedido por la
tormenta revolucionaria, se traslada definitivamente a la capital en 1914.
En periódicos y revistas de la Ciudad de México publica con regularidad ensayos,
poemas, periodismo político, ensayos breves y crónicas, y aquí, como diría José
Luis Martínez, "cumple el destino oscuro de los pretendientes sin título en la
corte": ocupa modestos puestos burocráticos y docentes, entabla rápidas y
efusivas amistades entre el mundillo periodístico y bohemio y se inicia con
arrojo, pero también con timidez y freno religioso al erotismo al que puede
acceder.
En 1916 aparece su primer libro, editado por Revista de Revistas, consagrado " a
los espíritus de Gutiérrez Nájera y Othón" . Se titula La Sangre devota y título
y contenido, delatan su nostalgia por la provincia, el fervor de su pureza y la
figura de la musa de sus primeros versos, la mítica Fuensanta. Este amor
primero, se llamó en realidad Josefa de los Ríos, era también oriunda de Jerez,
ocho años mayor que el poeta, murió en 1917 y seguramente no tuvo una relación,
más que platónica, con el joven López Velarde.
En 1916 inició una relación sentimental con Margarita Quijano, maestra culta y
hermosa, diez años mayor que él y que fue breve, ya que ella la terminó por
"mandato divino".
En su segundo libro, Zozobra, de 1919 pueden advertirse ya las marcas, las
"flores de pecado", como el las llama, resultantes de haber vivido en la ciudad.
En ese momento tiene 31 años y continúa soltero.
En este año, un amigo de la escuela de Leyes de San Luis Potosí, Manuel Aguirre
Berlanga, secretario de Gobernación lo lleva a trabajar a su lado. En mayo del
año siguiente, 1920, la rebelión obregonista hace huir al gobierno y el
presidente Carranza es asesinado en Tlaxacalaltongo el 21 de mayo. El poeta
pierde su trabajo y decide no colaborar más con el gobierno, sin embargo, en
1921, cerca del aniversario de la Independencia escribe uno de sus trabajos más
conocidos: La Suave Patria
Este fracaso, aunado a lo que él sobrellevó también como un fracaso sentimental,
acabaron con su ánimo: un año más tarde, en 1921, muere en la madrugada del 19
de junio asfixiado por la neumonía y la pleuresía, en una casa de apartamentos
de la Avenida Alvaro Obregón, entonces Avenida Jalisco. Lo habían matado, dice
José Luis Martínez, "dos de esas fuerzas malignas de las ciudades que tanto
temiera: el vaticinio de una gitana que le anunció la muerte por asfixia y un
paseo nocturno, después del teatro y la cena, en que pretendió oponerse al frío
del valle, sin abrigo, porque quería seguir hablando de Montaigne".
Las poesías que dejó a su muerte fueron reunidas en el libro Son del corazón y
su prosa, que incluye comentarios líricos, retratos literarios, críticas,
recuerdos de provincia, temas del momento, etc. fueron reunidos Enrique
Fernández Ledesma en El minutero.

el son del corazÓn
Una música intima no cesa porque transida en un abrazo de oro la Caridad con el Amor se besa. ¿Oyes ... [leer completo]
el perro de san roque
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo. A medida ... [leer completo]
anna pavlowa
Piernas eternas que decís de Luisa La Valliére y de Thaís... Piernas de rana, de ondina y de aldeana... [leer completo]
la tejedora
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un desdén manso de las cosas y una ... [leer completo]
el campanero
Me contó el campanero esta mañana Que el año viene mal para los trigos. Que Juan es novio de una pri... [leer completo]
el viejo pozo
El viejo pozo de mi vieja casa Sobre cuyo brocal mi infancia tantas veces Se clavaba de codos, busca... [leer completo]
jerezanas
A María Enriqueta Jerezanas, paisanas, institutrices de mi corazón, buenas mujeres y buenas cristian... [leer completo]
que sea para bien
Ya no puedo dudar... Diste muerte a mi cándida Niñez, toda olorosa a sacristía, y también Diste muer... [leer completo]
a la patrona de mi pueblo
Señora: llego a Ti Desde las tenebrosas anarquías Del pensamiento y la conducta, para Aspirar los na... [leer completo]
memorias del circo
A Carlos González Peña Los circos trashumantes, De lamido perrillo enciclopédico Y desacreditados el... [leer completo]
boca flexible, avida
Cumplo a mediodía Con el buen precepto de oír misa entera Los domingos, y a estas misas cenitales Co... [leer completo]
dejad que la alabe...
¿Existirá? ¡Quién sabe! Mi instinto la presiente Dejad que yo la alabe Previamente. Alerta el violín... [leer completo]
treinta y tres
La edad del cristo azul se me acongoja porque Mahoma me sigue tiñendo verde el espíritu y la carne r... [leer completo]
a las provincianas martires
Me enluto por ti, Mireya, y te rezo esta epopeya. Mas entrañables provincianas mías: no sospeché ala... [leer completo]
despilfarras el tiempo...
Prolóngase tu doncellez Como una vacua intriga de ajedrez Torneada como una reina De cedro, ningún j... [leer completo]
introito
Eramos aturdidos mozalbetes: Blanco listón al codo, ayes agónicos, Rimas atolondradas y juguetes. Si... [leer completo]
Continúe en Poemas de ANÓNIMO »»»

Esta es la página 1 de un total de 1    

Sobre esta web
Esta web ha sido creada gracias a la colaboración de amigos que nos han ofrecido sus poemas y selecciones.
Poesia
- Poemas - Contáctenos -
© 2006-2018 PoetasPoemas.com - Poesía hispanoamericana y traducciones al español.