El secreto de onegin - Poemas de LOURDES GIL

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El secreto de onegin
               

                                                                                                                        para Martha Padilla

                              "Ya nada es posible salvo estos gladiolos sobre el mármol"

                                                            Jesús Díaz
                     
                           

En un momento
saldr?al sordo sonido de la lluvia entre el follaje verde
y las pulpas ocultas.
Desde la tierra húmeda donde respira la semilla
Pushkin
prisionero del Cáucaso
ausculta conmigo la dimensión del mal.
Ha terminado la ordalía. 
No existe otra realidad
mas que esta reescritura perpetua
innumerable
las arias de Bocelli
diluyendo el dolor feroz de las Cantigas. 
Ha terminado el aquelarre a la luz de la luna
sin mas blasón que Onegin
sin mas arma que el cielo
-llámese razón el cielo
llámese Verdad.

Cre?
que el zarpazo con que intentaron silenciar
las hojuelas de miel de nuestras voces
era otro estruendo de la llaga circular
que casi nos consume.
La vieja llaga viva de tu culpa
tu eterna culpa trepanada de tristeza.
Cre?que el tosco manto de impiedad
tendido a nuestros pies
era una trampa más del crimen dostoievsco
que siempre rehuiste.
El castigo de diosa desairada
Revolución melena iracunda de Medusa
reclamándote
despojándote de lo que un día te diera a manos llenas.

Yo estoy viva
y pulcramente inmune a los venenos.
Tu no vendiste tu memoria.
De repente
las ruinas de tu mundo predecible
te causaron horror.
Rompiste las cadenas
en un vuelo preñado de belleza y desamparo.
Pero no fue tu deus ex machina
que restall?en el rojo polvo inexpiable
al misterio inasible y quebradizo
del regreso.
Fue mi connubio con la Muerte
mi vía crucis por esa ruta fluvial que no se agota
el río de Petersburgo desbordado
aquel invierno
en que juntos leímos El jinete de bronce. 

En un momento más saldr?
al aguacero que desbanda los hechizos
las huestes que tu mismo invocaste.
La tierra esta empapándose
sin huellas.
Atrás queda el fierro de conjuros
al que tu amor quiso condenarme.
Sólo un momento mas de cáustica miseria
un instante mínimo
de rituales prohibidos.
Entonces la calma el resplandor.
Entonces un díptico de asombros
de gladiolos posibles.
Entonces Onegin bajo el agua
aterido de lluvia
Onegin pájaro insondable
escritura secreta
sobre mi piel Onegin 
donde antes estuvo tu romanza.



(Poema proporcionado por la autora)

       

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