Parábola - Poemas de AMADO NERVO

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Parábola

Jesucristo es el buen Samaritano:       
yo estaba malherido en el camino,       
y con celo de hermano,                 
ungió mis llagas con aceite y vino;     
después, hacia el albergue, no lejano, 
me llevó de la mano,                   
en medio del silencio vespertino.       
Llegados, apoyé con abandono           
mi cabeza en su seno,                   
y Él me dijo muy quedo: «Te perdono     
tus pecados, ve en paz; sé siempre bueno
y búscame: de todo cuanto existe       
yo soy el manantial, el ígneo centro...»
Y repliqué, muy pálido y muy triste:   
-«¿Señor, a qué buscar si nada encuentro?
¡Mi fe se me murió cuando partiste,     
y llevo su cadáver aquí dentro!»       
«Estando Tú conmigo viviría...         
Mas tu verbo inmortal todo lo puede:   
dila que surja en la conciencia mía,   
resucítala, ¡oh Dios, era mi guía!»     
Y Jesucristo respondió: -Ya hiede.     

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